
El jueves 7 de octubre, el nuevo Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) dio un fuerte golpe con la proyección de dieciséis cortometrajes, mudos y en blanco y negro, del realizador francés Georges Méliès, pionero en el arte de la ilusión. Este espectáculo, único y gratuito, fue el regalo de la Embajada de Francia para el bicentenario.
Apenas habían puesto sus maletas en suelo chileno que ya, a fines de la misma semana, retomaron su equipaje en dirección a Argentina. Marie-Hélène y Lawrence Lehérissey, que tienen la suerte de pertenecer al árbol genealógico del maestro Méliès, continúan haciendo vivir la magia de su obra ofreciendo este « Cine-concierto Georges Méliès ». Con voz en off durante la proyección en el GAM, de Marie Hélène Lehérissey, que no es otra que la bisnieta de Georges Méliès y su hijo Lawrence en el piano, todo « en vivo » como antiguamente. Cuando le preguntamos sobre su recorrido a Marie-Hélène, 62 años, gran mujer de mucho temple, ella se describe con una gran sonrisa como « pasadora » a través de los siglos de la obra de Méliès. Montadora, después de haber trabajado para TF1 (primer canal privado francés) durante años, dejó todo de lado hace 15 años y se jubiló para dedicarse a la difusión de la obra de su bisabuelo. La acompaña su hijo Lawrence, pianista de 38 años,: entre los dos han recorrido los caminos del mundo para « hacer vivir la obra de Jojo », que cuenta con 520 películas, de las cuales 310 están perdidas por ahí.
lepetitjournal.com : ¿Quién fue realmente Georges Méliès?
Marie-Hélène Lehérissey: Es un poco el padre de los actuales efectos especiales. Primero trabajó como mago y fue así que inventó los trucos, las ilusiones. Era alguien muy completo, también metódico, que hacía un poco de todo y realizaba películas de A a Z. Se ponía todos los cascos: el del director, del guionista, del técnico pero también el del actor. Era un excelente dibujante, un hombre muy culto, hablaba griego y latín con soltura. Si hay algo que recordar es sobre todo su provocativo humor y su fineza de espíritu. Finalmente, era, como se dice vulgarmente hoy día, ¡un « intelectualoide »!
¿Cómo nació la idea de hacer revivir el cine de Méliès?
Desde 1945, nos ocupamos de la obra de Méliès en la familia. Primero mis tías abuelas, luego mis primas que se ocuparon de « administrar » la obra y de acompañar las representaciones. Y luego, un día, mi abuelo me dijo que me vería muy bien haciendo la voz en off de las películas de Georges. Considerando que soy más bien buena oradora y también como estaba más o menos dentro de mis asuntos, acepté. ¡Pero administrar la obra de Méliès no es un asunto simple! En un momento de su carrera había quemado todos sus negativos, por falta de espacio y de dinero, tenía que arrendar el local en el cual estaban almacenados. De pronto, la familia se lanzó en una verdadera investigación, recorriendo ferias, tiendas de antigüedades y mercados para encontrar una parte de la obra. Después de 60 años recuperamos 210 films de los 520 que realizó.
¿Por qué tanto compromiso para mantener viva la obra de Méliès?
Veo esto como un deseo de transmisión. Pero no un deber en el sentido negativo de la palabra, ya que evidentemente, si me involucro tanto es porque me apasiona el cine. Para mí, una película que se queda en una caja, está muerta. Quería que fuese todo lo contrario con las películas de Méliès : hacerlas perdurar en el presente. Lo que me interesa por sobre todo es hacer vivir este cine, incluso 100 años después y demostrar que todavía puede aportar mucho a las nuevas generaciones. Pienso que la lección numero uno de sus películas es el imaginario, el universo fantástico que ofrece: un real borrador de ideas y sobre todo de humor. Según yo, sus películas atraviesan el tiempo ya que su humor y su fineza de espíritu finalmente son bien similares a los actuales. Encontramos asuntos muy de actualidad como el de la rigidez de la iglesia, por ejemplo.
¿Por qué escogieron esta puesta en escena cine-concert?
Quisimos respetar la obra de Georges al mismo tiempo que ofrecemos una banda sonora más divertida y adaptada al cine actual. Por mi parte, en lo que respecta la lectura de los textos (escritos por Georges Méliès) me permito algunas pequeñas fantasías. Nos damos bastante libertad de ver como el público reacciona a nuestras proposiciones y luego vemos. La cultura de la imagen y del sonido que tenemos en la familia nos ayuda mucho. Mi hijo, en el piano, improvisa: pasa por todos los registros, del jazz a la música clásica. En esa época el piano estaba presente para acompañar los cortometrajes de Méliès, para acentuar los efectos. Nosotros hemos querido darle un verdadero rol en las representaciones, en el sentido que no es una simple herramienta de acompañamiento. La música en este cine-concert traduce un sentido, un sentimiento cinematográfico en sí mismo.
Céline Masfrand (www.lepetitjournal.com Santiago)
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