Es difícil describir a este personaje y tratar de rendirle un justo homenaje. En lo que si creo todos coincidiremos, es que fue un hombre humilde, justo, con una gran vida interior, muy cercano a su familia y a sus amigos, con un gran sentido del deber y, por sobre todo, un gran amor a la patria, su Francia tan querida.
Elie nació en Francia un 29 de abril de 1929, hijo de padre francés y de madre chilena. Su padre, don José de La Taille, viajó a Chile a comienzos del siglo 20 con el fin de crear la primera empresa siderúrgica del país, dando nacimiento a lo que fue después “Los Altos Hornos de Corral” hoy CAP. Su madre, Elisa Walker, era una distinguida dama de la sociedad chilena, hija del histórico personaje nacional don Joaquín Walker Martínez. Siendo un poco más que un niño, vivió la dureza de la Segunda Guerra Mundial, con su padre y sus dos hermanos en el frente. En esos momentos, junto a su queridísima madre, vibraba con las noticias de la BBC en la radio de su campo querido, Trétinville, lugar de origen de su familia paterna.
Por cariño a su bandera y a la tradición militar de su familia que tanto lo enorgullecía, de adulto no dudó en ingresar al ejército francés para posteriormente pasar a formar parte de la Gloriosa Legión Extranjera en el Premier Régiment de Caballería. Ésta lo llevó a lugares insospechados, desde la sangrienta Indochina a la profundidad del Sahara, completando finalmente más de 6 años de combate. Fue precisamente en Indochina donde recibió la condecoración “Croix de Guerre des TOE avec trois citations”, por actos valerosos en el campo de batalla. Sus virtudes ya mencionadas le permitieron meditar en el desierto la continuidad del Imperio colonial francés, por lo que pidió una licencia para visitar el país de su madre, país que sintió también como propio. En esas circunstancias su hermano Timoleón, quien ya vivía en Chile, lo acogió y le presentó a quien sería su futura esposa, Paulina Urrutia, con quien formó una preciosa familia, y a quien siempre recordó hasta el día de su muerte, mediante una sencilla corbata negra.
Avecindado en Chile desde 1959, su vida transcurrió principalmente relacionada con su trabajo en el campo, el desarrollo de su familia y ocupándose de todo lo que pudiese ayudar a Francia, especialmente en la Presidencia de los Antiguos Combatientes y como director consultivo de la Cámara Franco Chilena, entre otras.
Para terminar, sólo repetir una frase que él solía decir y que creo lo describe desde todo punto de vista: “La vie est belle”.
Don Elie fue socio y Consejero Consultivo de nuestra Cámara destacándose por su permanente disposición para colaborar con entusiasmo en nuestras actividades. Directores, Socios y colaboradores de la CFCCI lo recordaremos siempre con profundo respeto y afecto.
Segun la ley nº 19.518, las empresas que tributan en Chile tienen derecho a reducir de sus impuestos hasta el 1% del total de las remuneraciones imponibles anuales de sus trabajadores, invirtiendo en capacitación. El OTIC Franco Chileno los apoya en la gestión óptima de este derecho.