Antofagasta: una presencia Francesa en expansión

Entre el 14 y el 16 de octubre, una quincena de empresas francesas viajará a Antofagasta en el marco de una misión organizada por la CCI France Chili. Antes de que lleguen, vale la pena mirar qué representa hoy la presencia Francesa en la región — y qué queda todavía por construir.

Una presencia que se puede medir

Nuestra Cámara consultó directamente a una veintena de empresas francesas con actividad, o interés, en la región. El resultado es una inversión agregada cercana a los 2.500 millones de dólares desde 2022, concentrada mayoritariamente en un solo sector, la energía, que abarca generación renovable, almacenamiento en baterías y reconversión de infraestructura térmica, con grupos como EDF y ENGIE a la cabeza.

En torno a este núcleo se mueve un segundo grupo de empresas industriales, con inversiones más acotadas pero igual de concretas, que en conjunto suman 63 millones de dólares: neumáticos mineros de la mano de Michelin, gases industriales con Air Liquide, control aéreo con Thales, fundaciones especializadas con Soletanche Bachy, tratamiento de residuos con Séché, y asfalto y obras viales con Bitumix. Dos rubros muy asociados a la presencia comercial francesa —litio y ferroviario— no registran, por ahora, ninguna inversión confirmada.

Empleo y vínculos, más allá del capital

La huella francesa en la región va más allá de los montos invertidos. Los servicios de alimentación colectiva en faenas mineras y de logística industrial —con actores como Sodexo— sostienen varios miles de empleos locales a través de decenas de contratos vigentes, entre ellos programas de reinserción social en recintos penitenciarios de la región. Otros grupos, sin poner capital propio, proveen la infraestructura eléctrica y digital que hace funcionar buena parte de los grandes proyectos mineros y energéticos ya mencionados, con un crecimiento de actividad de dos dígitos proyectado para los próximos años.

Lo que todavía falta por construir

Antes de la misión de octubre, la Cámara levantó junto a las autoridades regionales 55 necesidades concretas que hoy no tienen un operador asignado. El transporte interurbano entre Antofagasta y Mejillones, que todavía duda entre tranvía y tren de cercanías. Una red de carga eléctrica para las flotas urbanas y mineras, sin responsable de proyecto a la vista. Un centro regional de excelencia clínica para el tratamiento del cáncer. Una nueva fundición regional de cobre, con todo lo que eso implica en energía, agua e infraestructura. El corredor bioceánico, que podría convertir a Antofagasta en un punto de paso logístico entre el Atlántico y el Pacífico. Y, en Calama, una concesión penitenciaria valorizada en 320 millones de euros, hoy en licitación, con entrada en operación proyectada para 2032.

Proyectos que todavía no encuentran a sus inversionistas — y que le dan a la misión del 14 al 16 de octubre un objetivo que va más allá del primer contacto: convertir un listado de necesidades en en nuevas inversiones concretas.

 

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